Textos varios

 

José Alberto

 

Las cosas pasan de prisa,

muy despacio los recuerdos.

Me acuerdo de tu sonrisa,

de tus promesas y anhelos;

todo se llevó la brisa

porque te fuiste tan lejos.

 

Juan Manuel Arboleyda Valdovinos.

 

Vamos a narrar un capítulo en la historia de la escuela donde hemos pasado casi la cuarta parte de nuestra vida como maestro: la escuela donde trabajo actualmente.

 Conocí a José Alberto antes de que ingresara a la telesecundaria pues me ayudó con algunos mandados. Fue siempre muy acomedido pues así lo había aprendido de su padre quien es teniente de la Armada de México y de Tío Chípuli, su bisabuelo; el más grande versador de la comunidad y de localidades aledañas.

 Se levantaba muy temprano e iba a la ordeña. Los hilos dorados de la hora de la amanezca no lo tomaban por sorpresa pues ya iba rumbo al trabajo. Me platicó acerca de la hora más maravillosa del día: el despuntar del alba, de la transformación de la madrugada en día; de cómo los colores reviven en esa hora invitándonos a vivir.

 Esa forma de describir las cosas es característica de un poeta y él así lo hacía pues traía la poesía por herencia.

 Cuando llegaba a casa de regreso de la ordeña “desayunaba” pues ya había bebido leche en el potrero, de tal manera que llegaba a la escuela con un poco de sueño y otro de flojera pero dispuesto a ver que aprendía. La poesía que llevaba en la sangre le había activado el espíritu y avivado el alma. La matemática la entendía sólo de observar la lección televisada pues era buen observador. El trabajo en clase lo hacía entre bromas agudas y explicaba a sus compañeros con curia. De español le gustaba la poesía y la narrativa; tenía discurso para encontrar el término adecuado. En cuanto a física y química la entendía porque cada día las observaba en su entorno y a través de las lecciones sólo continuaba armando el rompecabezas que estaba empeñado en acabar. No le gustaba la historia y la geografía lo transportaba en la alfombra mágica de su fantasía: le encantaba.

 Su hermana mayor estaba en el mismo grupo y no tenía las mismas luces que él; a ella no le interesaba la escuela y estaba allí sólo porque el teniente lo ordenaba. Era grande el cariño que se tenían.

Cuando ingresaron a segundo grado tuve la oportunidad de darles clase y de conocerlos mejor.

 Morralla era su sobrenombre pues su abuelo Tío Pitero le daba billetes cuando era chicuelo, pero él quería monedas de tal manera que Tío Chípuli y Tío Pitero le daban morralla. Para mi era Morrallita.

 –              Este será un hombre grande, pensábamos, mientras su hermana Heidi se dormía en clase.  

 Cada año escolar termina felizmente con la motivación de las vacaciones y Morrallita se llevó el tercer lugar que pudo haber sido el primero, pero como adolescente estaba más interesado en otras cosas. No fue a la clausura de cursos a recibir su diploma porque la vaca que le regaló su padre parió por primera vez. Era más importante su becerro que cualquier otra cosa. Ese día ya estaba uniformado para la clausura cuando se fue a galope hacia el potrero a asistir a la res al momento que recibió la noticia.

Al ciclo siguiente ya había crecido: parecía un árbol de cedro de esos que crecen en ladera que está protegida del azote de los vientos del norte.

 Comenzó como todo adolescente rural su tercer año: con gran flojera y lentitud y él solo fue rompiendo la inercia y continuó por un camino semejante al del ciclo anterior.  De manera similar concluyó el primer semestre y cuando llevamos la Rama a las casas de la Comunidad él se encargó de improvisar versos para algunos hogares. Pasamos las vacaciones y regresamos a clases rompiendo el letargo de la rueda que se detuvo con ese descanso cuando de pronto ya estábamos en las vacaciones de Semana Santa.

 Parafraseando la cumbia:

Los caminos de la vida

no son como yo pensaba;

no son como imaginaba

no son como yo creía.

 

En Sábado de Gloria entre las horas de la anochezca y la prima noche tuvo un accidente y falleció.

 Por sus compañeros querido, por el pueblo estimado, por su familia amado y por nosotros extrañado se nos fue.

 El primer día de clases después de las vacaciones fuimos toda la escuela a Campo Santo a dejarle flores y las muchachas le encendieron veladoras.

 Su pupitre quedó solo.

 Nadie se atrevió a sentarse en su lugar y sus compañeras limpiaban su asiento con trapo limpio para que no tuviera polvo tal vez esperando que regresara mientras que sus compañeros se quedaban callados viendo ese vacío. Pero lo más extraordinario fue cuando la yegua de Morralla, extrañándolo, fue a buscarlo a la escuela. Es el silencio más impresionante que he vivido en un salón de clase lleno con alumnos: como si José Alberto estuviera allí.

 Pero la vida siempre puede más que todo y la primera en ocupar su lugar fue Heidi.

 Al término del año escolar Heidi bailó el vals con sus compañeros:

–         A José le hubiera gustado bailar con nosotros, dijo.

 El día de la clausura de cursos, cuando él se hubiera graduado, habría cumplido quince años precisamente en ese día.

 No nos queda más que reflexionar y apuntar:

 

La muerte deja un sabor

tan amargo y permanente,

que por mucho que seas valiente

te hace llorar del dolor.

Y suplicas al Creador

que te quite el sufrimiento

y te libre un momento

de esa triste pesadilla;

pues es la muerte la astilla

que más punza el sentimiento.

Zenén Zeferino Huervo.

  

 

Boca del Río, Agosto de 1998.

 

 

TÍO DON DANIEL CABRERA DELGADO

¡Tan bonita que es la vida…

 

Tío Don Daniel Cabrera

el Eterno te sostiene;

con tu jarana te tiene

al pié de su Cabecera.

Oj-Alá que se pudiera

otra vez volver a oir

y que podamos tañir

tu verso de despedida:

¡TAN  BONITA QUE ES LA VIDA

Y TENERSE QUE MORIR!.

 

De cómo fui con mi familia a que tocar Petenera a medianoche en Camposanto.

En una fecha que hasta hace poco reabrió en mi memoria el recuerdo colorido de lo que viví con un sonero de abolengo: tío Daniel Cabrera Delgado, jaranero, versador y en su juventud zapateador nacido en Mandinga de Agua pero avecindado en la Puerta del Sotavento.

 En ese tiempo yo vivía en el Barrio del Tianguis de los Chilangos y en la vecindad vivía todo un crisol de vecinos muchos de ellos boqueños por nacimiento lo cual ya era raro al principio de la década de los 90’s en la Cabecera Municipal de Boca del Río, entre ellos Pepe Cabrera y su chingona mujer Mary.

 Tio Daniel se fue a cortar el pelo con la Mary, su sobrina política quien le dijo que tocábamos son a la manera antigua. Se emocionó tanto que nos invitó a tocar con él; tocamos primero un Siquisirí tal como marcan los cánones del son porque cuando se empieza a tocar se debe empezar con un gusto que sólo el Siqui sabe dar, todos nos sentamos a tocar porque él estaba sentado y nos convidó a la música tal como marcan los cánones; mi hijo Rodrigo tenía varios puntos de sutura una rodilla y estaba vendada entonces tío Daniel comenzó a versarle a la rodilla chingada del Ro quien empezó a improvisar tangueos al requinto y tío Daniel comenzó a improvisar maniqueos, no en su jarana de cucharo con tapa de cedro encordada a la zurda por dos sino en La Pepencha, mi jaranola de diez cuerdas floreándola de maravilla, Empezó a versar y terminaba el pié de verso diciendo:

¡tan bonita que es la vida

y tenerse que morir!.

 

 Después nos pidió tocar La Candela; la tocamos a su manera pero en tono menor pues él a veces la tocaba también por mayor. Fue bonito tocar Candela con él y no recuerdo de quién fue la idea de tocar después Petenera y él la declaró.

Este son vino de España

en medio de guerra y muerte,

si no se canta con maña

puede ser de mala suerte.

Juan Manuel Arboleyda Valdovinos

 

Como suele ocurrir con Petenera la intensidad empezó a subir y con ese son, ese algo  que se agita en la sangre de cuando se toca de corazón. Yo veía que tío Daniel como que temblaba cuando detuvo abruptamente el son callando las cuerdas de La Pepencha y se puso de pié, algo inaudito en los cánones del son.

 Después de una cordial y corta pero emotiva despedida se fue.

 Fue la última vez que cantó y dijo:

 ¡tan bonita que es la vida

y tenerse que morir!.

Ese sábado escribí esos versos en papelitos sueltos y los dejé cerca de una cajita donde he guardado mis recuerdos.

 Murió el miércoles siguiente.

 Como era de esperarse, todos los jaraneros, requinteros, bailadoras, arpistas, versadores y bailadores de la Cuenca y Sotavento de todas las tendencia se dieron cita en su velorio que corrió a cargo de sus sobrinas no católicas quienes no permitieron la costumbre de todo jaranero de ejecutar sones jarochos durante el velorio de un músico. Guardó silencio la jarana y cayó el violín; enmudeció el arpa y el requinto fue amordazado.

 No hubo décimas en su recuerdo.

 Pero como extraña coincidencia un bisnieto de tío Daniel tenía un andadera musical con pilas que estaba an’ca Zita Cabrera, su hija. Quiero que sepas que la andadera se ha puesto a tocar y no obedecía el interruptor principal. Llevó como 10 minutos callar a la rebelde andadera, cosa que se logró con el último recurso de quitarle las pilas. Todos supimos entonces que tío Daniel quería música en su velorio.

 Lo único que nos quedaba era ir a tocarle a Camposanto, mismo que hicimos el último día de su novenario a solicitud de Pepe Cabrera. Empezamos tocando el Siquisirí porque así mandan los cánones, teniendo presentes y tratando de recordar los versos de tío Daniel:

¡tan bonita que es la vida

y tenerse que morir.!

tocamos la Candela como a él le hubiera gustado oír y concluimos la Petenera, condición necesaria para su descanso porque yo sabía que él quería que se concluyera ese son de muchísimo respeto.

A orilla de un Camposanto

yo vide una clavera

con un cigarro en la boca

cantando La Petenera

 

Al día siguiente perseguí por toda la casa los papelitos en que habían quedado escritos los versos de tío Daniel pero no los encontré nunca. Jamás los hallé y supe que esos versos eran exclusivos para ese momento, como única fue esa oportunidad que la vida me dio al concederme el honor de despedirlo.

 …y tenerse que morir!

 

La Puerta del Sotavento en Boca del Río, Ver. con vientos frescos del este en el segundo día de marzo de 2008.

 

Pablo Elías Arboleyda Castro

Pablera Simaruba

también conocido como Tío Chéjere

 

El pesimismo

 

El pesimismo, visto desde la perspectiva del optimismo es un optimismo mal enfocado, con presbicia; que hace que se parezca a un optimismo deformado. Sin embargo, es difícil lograr el entendimiento del pesimismo desde su mismo punto de vista debido a su intrínseca naturaleza. A pesar de eso creemos que hasta el pesimismo tiene solución. Sólo si entendemos al pesimismo desde su propio punto de vista podremos realmente comprenderlo para tratar de ayudar a salir de él.

 

Vale la pena apuntar que el pesimismo proviene de un país: Pesimia que tiene varias provincias: Flojia, Desesperia, Angusta, Mohinia, Frustria, Chantajia, Inseguria, Egoístia, etc.; y como todo país también tiene fronteras, una de ellas con el país del optimismo: Optimia. Está por demás apuntar que los pesimistas viven en el país del pesimismo; por lo que conviene anotar que además de pesimismo hay pesimistas lo que le da un carácter patológico diferente al de algunas enfermedades pues reza el galeno refrán que no hay enfermedades sino enfermos; y si bien no todo tipo de pesimismo es negativo, tampoco todo optimismo es positivo.

 

 Vamos a tratar de estudiar la geografía de las provincias de ambos países a ver si entendemos con eso un poco de su naturaleza; ya que en el país de Optimia hay una provincia con casos para estudiar. En la provincia del optimismo ciego, hay gente que no considera ningún riesgo y aunque su población es en alto porcentaje adolescente encontramos población de la tercera edad que no pudo salir de la provincia; porque conviene anotar que la migración entre provincias del optimismo es altísima; a la provincia del optimismo ciego migra constantemente la población de la provincia del optimismo inocente, en donde  Pesimia tiene un fuerte servicio de espionaje, ya que es de donde más personas emigran; parece haber una especial tendencia en esa provincia para salir del país, misma que es alentada optimistamente por el pesimismo al igual que de la provincia del optimismo ciego. Probablemente la diferencia mayor entre ambos países sea la capacidad de migración sin haber desestabilidad  (que no es inestabilidad),  ya que en  Pesimia, la gente no tiene la necesidad de cambiar de domicilio, porque  todo le es igual y cambiarse resulta tan penoso como quedarse dado que el pesimismo es fundamentalmente sedentario. En Optimia hay algunas provincias ricas: Ecuanimia, Honestia son algunas, pero las del optimismo creativo –Creativia- que es donde Santiago Ramón y Cajal escribió Los Tónicos de la Voluntad;  la de la fé en el trabajo, -Laboria-  que es donde Bertrand Russell escribió La Conquista de la Felicidad, siendo Esperancia una de las provincias de más importancia, donde el inmigrante de Pesimia; Ludwig van Beethoven escribió su Novena Sinfonía siendo muy intenso el ambiente cultural en esas regiones, donde Johann Sebastián Bach compuso El Arte de la Fuga y La Pasión según San Mateo y de la provincia de Paradoxia proviene la obra de M.C. Escher. Contrastando con ello, probablemente la más productiva provincia de Pesimia sea la de Chismia donde optimistamente se unieron sus habitantes –que no se caracterizan por unidos- para dar noticias pesimistas a través de su página de Internet o por cualquier medio a su alcance: virtual, electrónico, magnético, óptico, impreso u oral (con prioridad a este antiguo medio de comunicación representado en Radio Bemba) para dar fundamento a la causa del pesimismo, deformando la realidad a fin de no ser bien vista; no sabiendo que aún ahí se puede encontrar la belleza, porque la causa de la felicidad sale de lo profundo del alma y sólo hay que encontrar cómo alimentarlas. Existe en Pesimia una provincia llamada Hipocondria donde la gente no sólo nunca está sana sino que hace lo posible por estar enferma, otra Lastimia donde el pueblo, por carecer de autoestima trata de hacerse caer en la lacónica melancolía que les hace ser infelices a ellos y a sus semejantes; está presente a su vez la provincia de Agresivia donde la gente es paradójicamente feliz agrediendo al prójimo causándole especial placer agredir a los seres más cercanos lo cual les causa la infelicidad; y es en Depresivia, cuya capital provincial es Angusta donde inexplicablemente la tasa demográfica es positiva a pesar de la alta tasa de mortalidad por suicidios y Flojia la provincia de mayor población. Interesante es la provincia de Mimia donde la gente es optimista por naturaleza pero pesimista por imitación.

 

El clima que se registra en esos dos países es fundamentalmente diferente: los intensos cambios en la presión atmosférica son característicos de Pesimia, por tanto es frecuente encontrar días que amanecen por demás tormentosos, con vientos huracanados contrastados por días soleados en los cuales el sol no calienta ni abriga. A pesar de su dialéctica cercanía, se presenta en Optimia una estabilidad atmosférica con cambios estacionales bien definidos. Sin caer en determinismos geográficos llegamos a creer que es la población quien determina al clima y no el clima a la población, podemos suponer cierta retroactiva influencia que ejerce el clima sobre la fisiología de los habitantes de esos países: la población de Pesimia está divida en los siguientes rubros: la gente que sólo piensa con el hígado, la que piensa básicamente con los genitales, la que sólo puede pensar con el estómago y la que piensa exclusivamente con el cerebro; a diferencia, la población de Optimia que piensa y razona con todo el cuerpo especialmente con el corazón.

 

 La migración, como anotábamos arriba, se llega a presentar entre estos dos países pues Don Miguel de Unamuno parece haber escrito en Pesimia El sentimiento trágico de la vida lo que le valió para obtener su visa a Optimia y escribir Sembremos.

 

Por tanto creemos que es posible alejarnos del pesimismo sabiendo que es menester conocerlo para apartarnos de ese estado en donde es fácil no disfrutar de la vida y hacer del prójimo un ser infeliz; que este aprendizaje es condición sin e cua non para poder disfrutar de la alegría y de la tristeza, de la razón y de la pasión y las consecuencias todas de la vida y concomitar empáticamente optimismo y pesimismo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: